DEDOS LOCOS.

DEDOS LOCOS

Ayer mis dedos se volvían locos
por escribir palabras de amor,
aunque fuera sin orden ni concierto,
como olas traviesas en mar revuelto,
que incluso rompen unas sobre otras.

Hoy están calmados y silenciosos,
mar plano en amanecer de otoño,
con esas pequeñas ondas
casi imperceptibles en su superficie.

Quietos, como esperando
que otros dedos se posen sobre ellos
y poco a poco los hagan bailar,
casi sintiendo la necesidad
de pintar un cuadro de palabras.

Llega la noche, sin fronteras,
baldía pero dispuesta a florecer,
ofreciendo las hojas blancas
de sus todavía largas horas,
a quien quiera de color pintarlas.

Sentimientos escondidos al día,
claros deseos que despiertan
cuando los cuerpos cierran sentidos,
sueños abriendo tímidas alas
que crecen a golpes de dedos,
separados por leves distancias
y juntos por muchos anhelos.

Anuncios

ILUSIONES ROTAS…

ILUSIONES ROTAS

Lento a través del tiempo,
el mar deshace las rocas.
Lentas en sonoro silencio,
las horas rompen la espera,
sonrisa que hielo trastoca,
puzle de ilusiones rotas,
que mueren sin ver otoño,
cayendo como hojas secas.

No susurro triste lamento,
cierro del corazón la puerta,
y continúo mi vuelo lento,
sin poner los pies en el suelo,
a cada instante, a cada salto
dejamos la carga pesada,
y con nuevas ilusiones
vamos cada vez más alto,
por alas llevo sonrisas
movidas por tus miradas.

Llegan las nubes grises,
que tristes cierran ventanas,
mudan prados en espesuras,
caen mariposas aladas,
perdidos ya sus colores,
pétalos pierden las rosas
sin tener tus manos cálidas,
deja de hablar la brisa
gritando en largo soplo,

¿por qué muda todo aprisa?

A vueltas con la inviolabilidad…

A vueltas con la inviolabilidad del rey en la CE de 1978 me gustaría charlar un rato con alguno de los llamados padres de la misma, para conocer, una utopía como otra cualquiera, las verdaderas razones de la primera frase del artículo 56.3, en el que, sin más, le dan a un hombre un poder total sobre la vida y haciendas de todos los españoles, pudiendo delinquir, como parece haberlo hecho en más de una ocasión.

Y se le daba ese poder no a un rey impersonal y futuro sino a uno muy concreto, nombrado por un dictador en vida y a quien el “futuro rey” rendía pleitesía, jurando lealtad a los principios de una dictadura que, por más falsos historiadores que hayan querido y sigan queriendo suavizar hasta extremos vergonzosos, fue sanguinaria tras la guerra y aún pervive en muchos de sus herederos ideológicos, religiosos y económicos, con ejército, sistema judicial e iglesia sin haber pasado transición alguna.

Y ese hecho, el de ofrecer inviolabilidad a ese rey en concreto parece decir mucho más de lo que explican quienes están o estaban en los entresijos allá por 1978. ¿Sabían o se imaginaban que en algún momento algunas de las fuerzas del franquismo podrían oponerse, con ayuda de las armas o del dinero, a la apariencia de democracia que ofrecía la constitución y que esa oposición debería contar, por lealtades tradicionales, con la aquiescencia o el mirar para otro lado del monarca, debidamente explicitada una actitud u otra?

Cualquier monarca estaría bien protegido si en la constitución desaparece esa primera frase, quedando como responsable de sus actos la autoridad que los refrenda, ya que cualquier acto no refrendado se considera carente de validez, excepto los concretados en el art. 65, aunque en el artículo 56.3 sólo cite como excepción el 65.2.

A ver si algún jurista especializado nos ilumina en todo este embrollo, que luego van los jueces e interpretan las leyes como les sale de los mismísimos, según quien sea el presunto delincuente y al indicarles las incoherencias nos llaman a los demás “iletrados” o cuñados de bar, aunque no tengan ni puñetera idea de qué hemos aprendido o estudiado.

Con algo de sentido crítico y algo de conocimiento de la historia cualquiera puede decir, y es verdad, que ni la justicia ni el ejército ni los privilegios de la iglesia cambiaron un ápice en la transición, siguiendo con la organización, métodos -nepotismo, corporativismo mal entendido y falta de transparencia en cúpulas directivas- que detentaban en el franquismo.

Y esos mismos métodos, con pequeñas matizaciones obligadas por los tiempos, han llevado a la cúpula del corrupto Partido Popular a una mediocridad intelectual, políticamente hablando, que da grima cada vez que abre la boca, Casado, Egea, Levy, Maroto, Montserrat y tantos otros parásitos de la política, que no políticos.

Y no es el único partido contagiado, todos los que participaron en la transición se convirtieron en máquinas de ocupación del poder, con líderes supuestamente democráticos reconvertidos en casi dioses instalados en la cúspide de la pirámide a la que sólo se llegaba, saliendo en la foto como decía un tal Guerra, alabando, riendo las gracias, aplaudiendo siempre con las orejas, lamiendo el culo de los que estaban delante o apuñalando a los iguales que mostraban algo de valía.

Y de esos partidos han copiado los señores del capital el modelo para construir su “renovado y renovador” Ciudadanos, buscando algunos maniquís de buena imagen y poco calado intelectual y logrando reunir lo desechado de esos partidos, con algunas incorporaciones, sonoras por teatrales, de la sociedad civil.

Por eso “disfrutamos” con la ralea de políticos que dominan el panorama actual.

Sobre cangrejos y otros bichos.

Esta tarde he tenido la tentación de comprobar si este pequeño rincón, letras que pierdo de vez en cuando, todavía se encontraba visible y, al verlo tan olvidado, mis dedos, que algunas veces se independizan sin pedir permiso ni guardar ley alguna, han sentido un escalofrío y se han puesto a bailar sobre el teclado sin tener siquiera una pequeña idea preconcebida.

Por experiencias pasadas, esos momentos pueden producirse por dos motivos bien diferenciados: por la llegada de lo que algunos llaman “musa” o inspiración poética o por un sentimiento de “rabia” contenida. Y en ambos casos es preferible, antes de que los dedos se adueñen de la situación, percibir por qué o qué la ha provocado.

Pero no siempre es fácil eso. En esta ocasión los temas están tratando de ser los primeros, de ganar importancia para ver la luz antes que los demás, como esos que se llaman “líderes” de algún partido descabezado, que ya tendría que estar muerto y con el acta de defunción bien visible, que pelean por militantes inexistentes, por logros solo conseguidos en sus mentes alienadas y, eso no es extraño, alabando a quien les ha dejado descabezados siendo incapaz ya de sujetar a tanto puñal levantado en la ollas de grillos internas que han sido y son los partidos piramidales de la “gloriosa” transición del 78.

Y sí, está bien claro, la transición ha logrado el primer lugar, aupada a la actualidad por todos aquellos que se oponen a la democracia real, que se oponen a que las familias de los represaliados políticos de la dictadura descansen en paz encontrando a sus muertos enterrados en cunetas y campos de una España siempre dolorida, por no haber sido nunca una España querida.

Y también por todos aquellos que fueron beneficiarios directos o indirectos, asesinos o empresarios corruptos o aprovechados, de los privilegios del régimen franquista y los herederos de fortunas y títulos de nobleza o de capital. Y perdidos entre todos esos están los engañados que no quieren admitir que lo fueron, que les dieron gato por liebre, que aceptaron una “reconciliación mutua” -término oído a una infame M. Claver- en la que unos continuaban con lo robado y con el perdón de todos sus crímenes y los demás nos quedábamos con las ganas de una justicia a olvidar. Y con la iglesia, el ejército, la judicatura y el capital como guardianes de las esencias patrias.

Y del primer tema surge el segundo, casi sin cambiar de tercio, como la moción de censura ganada por sorpresa por P. Sánchez y su “nuevo” PSOE, que unos han visto como un nuevo paradigma político en el país y otros, entre los que me cuento, sólo como una tenue esperanza de que algo cambie de verdad, no como en la trampa de la transición. Por ahora dominan los gestos sin apenas sustancia alguna.

Pero lo verdaderamente importante no es nada de eso, no. Lo importante es que los individuos, los ciudadanos europeos, tanto da si españoles, catalanes, franceses o de cualquier otra nacionalidad, nos estamos convirtiendo en egoístas insolidarios, volviendo a levantar vallas y fronteras, escudados en ejércitos de políticos profesionales que velan por los intereses de quienes les pagan antes y después de su paso -si es que alguna vez lo dejan- por un irreal “servicio público”.

Estamos avanzando hacia el pasado. Como han dicho grandes hombres, Saramago nos lo recordaba en sus obras, bajo la apariencia de bondad y de buenos ciudadanos que no gritan ni se manifiestan se esconden cobardes que levantan púlpitos y torres para que gusanos corruptos y criminales vuelvan a hacer de las suyas. Quieren lo que creen que es suyo por derecho… ¿Qué derecho?

Los años de la marmota…

Esta mañana, tras varios días de noticias sobre corrupción pura y dura, sobre parlamento que aprueba “leyes no de ley” -es un decir-, ministros, fiscales y jueces que mienten sin pudor aunque sean reprobados por el parlamento y empresarios que han vivido desde la dictadura a caballo de políticos y funcionarios que “miran a otro lado”, como dice nuestro inefable presidente de gobierno, procrastinador y plasmático total, he querido releer algo de hace unos años y, joder, no sólo no hemos logrado avanzar para conseguir algo de “democracia real” sino que estamos retrocediendo como los cangrejos.

Aquí lo que escribía hace un par de años:

Hay un refrán que dice: “a río revuelto, ganancia de pescadores”, por aquello de que los peces están más ocupados en sobrevivir a los vaivenes del agua que en vigilar a sus depredadores humanos. Y en estas semanas que han pasado desde las elecciones del 24 de mayo las aguas de la política bajan mareadas y con un color parduzco de tanta intriga, incoherencia, triunfalismos idiotas y ataques furibundos contra la decisión de los votos. 

Eso sí, todos se lamentan por alguna cosa, por activa o por pasiva, por los votos perdidos o por los que han tenido otros, por los pactos que les apean de sus sillones o por los pactos que elevan a los considerados enemigos. Y muchos de ellos demuestran su ignorancia de lo que es democracia y su contumacia en no aceptar lo que los ciudadanos han demostrado con su voto.

 Es sintomático escuchar a un político diciendo que “los perdedores” le han echado de la alcaldía o del gobierno autonómico, al no obtener mayoría absoluta, sin pensar, eso debe causar dolor de cabeza, que la democracia es precisamente eso, pactar y formar gobiernos plurales que representen al mayor número de ciudadanos. Para ellos eso debe ser chino, el poder es suyo y todo lo demás son cuentos de revolucionarios o radicales.

Parece que quieren hacer realidad las frases que escribía, cuando todavía entendía su propia letra, Rajoy allá por el año 83 y 84, al querer probar lo de que “los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás en razón de su mejor herencia genética” y que por tanto los radicales que han recibido el voto de sus conciudadanos no se merecen gobernar ni estar en política. 

Cuesta no extrañarse ante los ataques, a veces tan vomitivos o indecentes como los protagonizados por algunos medios de comunicación, con La Razón a la cabeza y algunos periodistas y tertulianos como Inda o Marhuenda, paradigmas de lo que nunca debe ser una persona, lanzados contra gobiernos que no llevan más que unos días en marcha pero a los que se quiere juzgar como si llevaran años.

Causa estupefacción que empresarios, es un decir, aupados a sus cargos gracias al dedo de amigos y colegas, ignorantes de la historia y de otras muchas cosas, quieran dar lecciones de ética y de cómo han de hacerse las cosas en la vida política, casi amenazando con la catástrofe si los ciudadanos no votamos lo que ellos consideran “bueno para la estabilidad”.

Uno se queda patidifuso al observar a economistas de todo pelaje y condición tirarse los números y las estadísticas casi a la cabeza, defendiendo ideas contrapuestas, todas ellas muy sesudas y argumentadas con informes rimbombantes y títulos larguísimos. Y si la mayoría de ellos se han equivocado en numerosas ocasiones en el pasado ya se encargan de disimularlo en retahílas de excusas y condicionamientos. 

Para ocultar malas noticias, corruptelas y traiciones se llevan a primera página, con la aquiescencia y ayuda de lameculos y aplaudidores, episodios pasados de deslices, voluntarios o involuntarios, fuera de contexto y de tiempo, de personas que han de ocupar el espacio público que otros han creído siempre que les pertenece por clase o nacimiento. 

Y los formadores de opinión, reales o imaginarios, se lanzan como perros a las discusiones bizantinas de ética, honestidad y decencia, sin caer en la cuenta de que quienes les azuzan y normalmente les pagan sus servicios ni tienen ni quieren ética, honestidad o decencia. Sólo quieren seguir manejando el poder que no han dejado de tener en las manos desde hace muchas décadas.

Los ciudadanos andamos como pollo sin cabeza, unos ignorantes por naturaleza, otros ignorantes por ideología, otros ignorantes por decisión o interés, otros ignorantes por manipulaciones y otros ignorantes porque preferimos seguir teniendo lo poco que tenemos por miedo a perder algo más. Y con eso cuentan quienes revuelven las aguas.

Molesta mucho a las clases “privilegiadas” que personas “normales” se dediquen a pisarles el terreno, Umberto Eco protesta de los que escriben en redes sociales, Vargas Llosa se cree en poder de la verdad en todos los terrenos que toca, Pilar Rahola pone a parir, sin ton ni son, a quienes sostienen tesis contrarias a las suyas -en su artículo de hoy en la Vanguardia se supera en tontería con tal de seguir defendiéndose ella misma-, Marhuenda sigue recalcando cada vez que habla que él es jurista y profesor y por tanto los demás tienen que callar y escucharle con devoción, sin caer en la cuenta de que cada vez que se define así dejar por los suelos una y otra actividad.

Y seguiría enumerando ejemplos parecidos, pero me cansa recordar tanta tontería, tanta manipulación y tantas declaraciones de gente sin escrúpulos ni conciencia que bajo sus títulos de tal o cual profesión sólo esconden sus miedos y su soberbia.

Los ciudadanos tenemos que ser críticos y valientes y no dejar que nos sigan tomando por tontos y esclavos.

No he tocado ni una coma y sin embargo es como si lo hubiera escrito esta mañana, a excepción de la referencia al artículo de P. Rahola en la Vanguardia.

Estoy por irme al médico y que me dé la baja de España por depresión… Ahhhh, que no puedo, soy autónomo.

CREE EL LADRÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN…

Antes de parecer mal educado o políticamente incorrecto quiero dejar claro un aspecto fundamental: respeto a todas las personas, siempre que se comporten como tales, no aquellas que son animales irracionales, que de haberlas hay las aunque se escuden en falsos argumentos de ideologías o religiones.

Pero no tengo por qué respetar ni sus ideas ni sus actos, siendo libre para argumentar en contra o, si creo que lo merecen -y eso es algo en lo que cualquiera puede rebatirme si lo desea- adjetivarlas como malas, tontas, idiotas, descabelladas, manipulaciones, mentiras, etc. Para eso estamos “teóricamente” en una democracia y digo “teóricamente” porque creo firmemente que no lo estamos realmente.

La partidocracia -con partidos que son máquinas de corrupción y mediocridad, cada vez más acusada en sus supuestos líderes- nos ha otorgado la categoría de “sirvientes” que sólo podemos sentarnos a su mesa un día cada cuatro años y sólo con el objetivo de servirles el plato para otra temporada en la que ellos seguirán salvándonos de peligros y trampas.

Dado el aviso voy a lo que quiero decir: desde las últimas elecciones generales estamos asistiendo a dos espectáculos casi gemelos en dos ámbitos que parecen muy diferentes pero que en realidad conforman una misma realidad: la España surgida de una falsa transición de la dictadura a la democracia, maquillada por sus actores como “modélica”. ¡Y una m… ¡

Por un lado tenemos a nuestros políticos profesionales de siempre, muchos herederos de familias del franquismo o de sus aledaños, con algunos que desde Suresnes se han ido dando la vuelta hasta aparecer casi en las antípodas de lo que decían defender, aunque siempre lo hicieran mal, tarde y con importantes lagunas que son incomprensibles si se analizan desde una actitud crítica equilibrada.

Por supuesto que alguna cosa hicieron bien, unos y otros, pero eso queda empantanado por el pozo de corrupción, entreguismo y traición en que nos han metido a todos los españoles y cuando quieren defenderse con esos buenos actos como argumentos hay que recordarles que para eso fueron votados y encumbrados al poder, ésa era su obligación y su responsabilidad.

Pero la mediocridad a la que nos han entregado los partidos políticos está cristalizando en las formas y en las declaraciones de estos últimos días: cruce de acusaciones en las que los corruptos, los mentirosos, los vividores, los ladrones y los lameculos acusan a los demás de sus propios defectos y formas de vivir, extendiendo la mierda incluso a los recién llegados, a aquellos que todavía no han tenido que legislar o ejercer el poder, con la única finalidad de ponerlos a su nivel, para así poder “ganarles” por experiencia o seguir manipulando a los ciudadanos con lo de “todos son igual”, aunque el ejemplo de corrupción y mal uso del poder lo hayan dado ellos. No importa ser mierda si enmierdan a los demás.

Unos, Rajoy y Sánchez, cobardes en extremo, mediocres en lo político y casi sin ideas ni principios éticos, se dejan llevar por quienes les dirigen o quienes tienen influencia en sus decisiones. Ambos esperando que sus contrarios se despeñen o que ocurra un milagro que les permita auparse, sin ningún merecimiento, al poder.

Otros vigilando sus intereses, agazapados en pieles de cordero que en cuanto tienen poder para cambiar algo prefieren aportar “sostenibilidad” o “gobernabilidad”, pactando ora con unos, ora con otros, pero siempre con aquellos que detentan el poder y, a la postre, sin conseguir más que cambios cosméticos y sin importancia real para la ciudadanía.

Y los recién llegados, con menos de dos años de circulación, se han lanzado a tal velocidad que pueden pegarse más golpes de los que resistirán sus endebles estructuras, cometiendo deslices de aprendiz que los demás aprovechan como argumento para el “todos son iguales” que se creen quienes no les han votado y dejan a quienes les han dado su confianza con el temor de que hablan antes de pensar bien lo que van a decir.

Y por otro lado tenemos a la mayoría de medios de comunicación, dominados por el capital – esa bestia parda, confusa, intangible, desconocida para casi todos, oscura y temida- que nadie conoce realmente pero que está detrás del tinglado, haciendo el trabajo que le han encomendado.

Acabo de leer varios diarios nacionales y la idea que me ha venido a la cabeza es ver a un ejército de leñadores talando árboles para convertirlos en papel y que este papel, vendido o regalado, por aquellos de las subvenciones públicas, a algunas empresas se convierte en mierda lanzada contra sus lectores.

Muchos de esos lectores, cogidos por sorpresa, ignorancia o inocencia, se dejarán influir por las opiniones interesadas, por las mentiras o por las manipulaciones que les ofrecen en bandeja, sin tener ni tiempo ni conocimientos para separar la paja del grano, la información de la desinformación o la verdad de la mentira. Siempre queda algo.

Hoy, por citar un ejemplo, he leído algo de un “LOBO FEROZ”, que en lugar de un lobo parecen ser las elucubraciones de Caperucita, pero Caperucita paleta, ignorante, mentirosa, que en lugar de haber dedicado su tiempo a crecer como persona se ha dedicado a flirtear con el lobo, a perder el tiempo con marujeos y simplezas. Y sólo le doy la razón en su último párrafo, cuando amenaza con no seguir escribiendo, por favor ¡sea valiente y retírese! Los árboles se lo agradecerán y nuestros estómagos también…

Pocos artículos se salvan de la quema, incluso algunos con faltas de ortografía e incluso con palabras inventadas o mal utilizadas, como si esos periodistas mediocres y esos diarios, con capitales enormes, no dispusieran de un simple diccionario o corrector de estilo.  De pena.

¡Y encima uno presenta a Guindos como salvador de España!

La de disparates que se tienen que leer y escuchar hoy en día.

¿Sueñan los malos políticos con ovejas eléctricas?

Parece que nuestros políticos, los profesionales, los que quieren vivir siempre “sirviendo” a sus conciudadanos -vividores de la mentira y la manipulación- se están dando cuenta de que pueden perder las riendas del poder y lo mullido de sus sillones, temiendo que la gente despierte del letargo y se ponga a pensar un poco.

A los partidos políticos “tradicionales”, los que ellos llaman responsables y con “sentido de estado”, se les está acabando el granero de votantes ignorantes, irreflexivos o manipulados. Conforme la edad va retirando un par de generaciones que todavía piensan en rojo y azul, en descamisados y gente de bien, en comunistas y buenos patriotas, surgen movimientos que aglutinan, cada vez con más fuerza, a personas que quieren participar en la toma de decisiones “políticas” de manera continua, sin la trampa de “se participa votando cada cuatro años”.

Y, al igual que las religiones, la política profesional, encorsetada por leyes y constituciones, dogmas y normas de toda índole, dominada por vividores, corruptos y sinvergüenzas, siempre por encima de las personas y con el único objetivo de servir a sus propios intereses, tiene que ser un instrumento al servicio de los ciudadanos para mejorar su vida y permitir un desarrollo sostenible y equitativo, limando desigualdades y permitiendo la evolución de ideas y personas.

Y como en todo cambio profundo los que tienen más que perder son los que más resistencia ofrecen, enmascarando sus carencias éticas e intelectuales en las ideas, eternas e inamovibles, de patria y dios, ya sea religioso, de poder o de dinero. Y cuanto más hablan de “aldeas globales” más cierran sus mentes a nuevas formas de participación política,  a nuevas formas de organización geográfica o de afinidades para lograr proyectos en distintos ámbitos.

Da grima escuchar a políticos mediocres disertando sobre diálogo y marcando a continuación “líneas rojas” que, curiosamente, son los proyectos de aquellos con los que se quieren dialogar. Me recuerdan, con las obvias diferencias, a los fundamentalistas de la inquisición -los hay a miles hoy en día en las iglesias, mezquitas, sinagogas y en los parlamentos- que lograban declaraciones, retractos y conversiones a base de torturas infames, contrarias a su fe y a su dios pero conformes con su miseria interior, y a continuación quemaban o mataban a sus víctimas para “purificarlas”.

Y lo peor es que consiguen réditos con sus continuas diarreas mentales, consiguiendo que mentes empequeñecidas, ignorantes y poco críticas se acerquen a sus posiciones no porque estén de acuerdo con lo que dicen sino por aquello de que el estómago puede más que la cabeza y el miedo a perder lo poco que les han dejado tener: el piso hipotecado, el coche, las míseras vacaciones y, si es posible, el apartamento en la playa o en la montaña. Son sus “ovejas eléctricas”, sus fieles servidores a quienes no les importa que les roben mientras les dejen con las migajas que tienen en las manos.

Y manipulan hablando de “romper España” si alguien está de acuerdo e preguntar a los catalanes, o a cualquier otra región, qué quieren exactamente, para, una vez sabido, poner remedio a las causas que han convertido la convivencia en un problema. Parece que se dan por vencidos antes de luchar por conservar lo que quieren conservar, prefieren no saber para poder seguir elucubrando. Para ellos es mejor que los españoles no sepan cuántos ciudadanos de otras regiones están en desacuerdo y así pueden hablar de “mayorías silenciosas” que apoyan sus ideas pero sin consultar a esas mayorías, no se diera el caso de que la realidad les dejara al descubierto como lo que son realmente: canallas sin ética ni respeto por el “pueblo llano”, que gobiernan o quieren gobernar para beneficiar a sus amos, colegas y amiguetes.

Y manipulan pontificando sobre la “superioridad” de la constitución y leyes, cuando deberían saber que toda ley es temporal y debe ser perfeccionada de manera continua para poder responder a los cambios sociales y tecnológicos que se producen en la vida de pueblos y sociedades. Nunca la ley por encima de la justicia y de las personas. Aunque visto cómo manejan jueces y tribunales quedan pocas esperanzas de que estos mediocres y corruptos lleguen a entender los conceptos reales de democracia, justicia y bien común.

Y así pueden aguantar, como si fueran insustituibles, unos mediocres que se han criado en las estructuras de los partidos políticos surgidos al amparo de la transición, que han crecido aplaudiendo a otros mediocres que estaban por encima de ellos, riendo sus pocas gracias, alabando sus tonterías, clavando cuchillos a sus propios “amigos” y escalando con uñas y dientes en los pozos de corrupción de los que no quieren salir: Rajoy, Arenas, Cospedal, González, Sánchez, Susana Díaz, Luna, Rato, Pons, Trillo, Bárcenas, Aguirre, Granados y un sin fin de nombres que pueblan los organigramas de todos los partidos que nos han gobernado o intentado gobernar en estos últimos casi 40 años.

¿Tenemos como sociedad los gobernantes que merecemos?  Es una pena pero todo parece indicar que sí.