¿Sueñan los malos políticos con ovejas eléctricas?

Parece que nuestros políticos, los profesionales, los que quieren vivir siempre “sirviendo” a sus conciudadanos -vividores de la mentira y la manipulación- se están dando cuenta de que pueden perder las riendas del poder y lo mullido de sus sillones, temiendo que la gente despierte del letargo y se ponga a pensar un poco.

A los partidos políticos “tradicionales”, los que ellos llaman responsables y con “sentido de estado”, se les está acabando el granero de votantes ignorantes, irreflexivos o manipulados. Conforme la edad va retirando un par de generaciones que todavía piensan en rojo y azul, en descamisados y gente de bien, en comunistas y buenos patriotas, surgen movimientos que aglutinan, cada vez con más fuerza, a personas que quieren participar en la toma de decisiones “políticas” de manera continua, sin la trampa de “se participa votando cada cuatro años”.

Y, al igual que las religiones, la política profesional, encorsetada por leyes y constituciones, dogmas y normas de toda índole, dominada por vividores, corruptos y sinvergüenzas, siempre por encima de las personas y con el único objetivo de servir a sus propios intereses, tiene que ser un instrumento al servicio de los ciudadanos para mejorar su vida y permitir un desarrollo sostenible y equitativo, limando desigualdades y permitiendo la evolución de ideas y personas.

Y como en todo cambio profundo los que tienen más que perder son los que más resistencia ofrecen, enmascarando sus carencias éticas e intelectuales en las ideas, eternas e inamovibles, de patria y dios, ya sea religioso, de poder o de dinero. Y cuanto más hablan de “aldeas globales” más cierran sus mentes a nuevas formas de participación política,  a nuevas formas de organización geográfica o de afinidades para lograr proyectos en distintos ámbitos.

Da grima escuchar a políticos mediocres disertando sobre diálogo y marcando a continuación “líneas rojas” que, curiosamente, son los proyectos de aquellos con los que se quieren dialogar. Me recuerdan, con las obvias diferencias, a los fundamentalistas de la inquisición -los hay a miles hoy en día en las iglesias, mezquitas, sinagogas y en los parlamentos- que lograban declaraciones, retractos y conversiones a base de torturas infames, contrarias a su fe y a su dios pero conformes con su miseria interior, y a continuación quemaban o mataban a sus víctimas para “purificarlas”.

Y lo peor es que consiguen réditos con sus continuas diarreas mentales, consiguiendo que mentes empequeñecidas, ignorantes y poco críticas se acerquen a sus posiciones no porque estén de acuerdo con lo que dicen sino por aquello de que el estómago puede más que la cabeza y el miedo a perder lo poco que les han dejado tener: el piso hipotecado, el coche, las míseras vacaciones y, si es posible, el apartamento en la playa o en la montaña. Son sus “ovejas eléctricas”, sus fieles servidores a quienes no les importa que les roben mientras les dejen con las migajas que tienen en las manos.

Y manipulan hablando de “romper España” si alguien está de acuerdo e preguntar a los catalanes, o a cualquier otra región, qué quieren exactamente, para, una vez sabido, poner remedio a las causas que han convertido la convivencia en un problema. Parece que se dan por vencidos antes de luchar por conservar lo que quieren conservar, prefieren no saber para poder seguir elucubrando. Para ellos es mejor que los españoles no sepan cuántos ciudadanos de otras regiones están en desacuerdo y así pueden hablar de “mayorías silenciosas” que apoyan sus ideas pero sin consultar a esas mayorías, no se diera el caso de que la realidad les dejara al descubierto como lo que son realmente: canallas sin ética ni respeto por el “pueblo llano”, que gobiernan o quieren gobernar para beneficiar a sus amos, colegas y amiguetes.

Y manipulan pontificando sobre la “superioridad” de la constitución y leyes, cuando deberían saber que toda ley es temporal y debe ser perfeccionada de manera continua para poder responder a los cambios sociales y tecnológicos que se producen en la vida de pueblos y sociedades. Nunca la ley por encima de la justicia y de las personas. Aunque visto cómo manejan jueces y tribunales quedan pocas esperanzas de que estos mediocres y corruptos lleguen a entender los conceptos reales de democracia, justicia y bien común.

Y así pueden aguantar, como si fueran insustituibles, unos mediocres que se han criado en las estructuras de los partidos políticos surgidos al amparo de la transición, que han crecido aplaudiendo a otros mediocres que estaban por encima de ellos, riendo sus pocas gracias, alabando sus tonterías, clavando cuchillos a sus propios “amigos” y escalando con uñas y dientes en los pozos de corrupción de los que no quieren salir: Rajoy, Arenas, Cospedal, González, Sánchez, Susana Díaz, Luna, Rato, Pons, Trillo, Bárcenas, Aguirre, Granados y un sin fin de nombres que pueblan los organigramas de todos los partidos que nos han gobernado o intentado gobernar en estos últimos casi 40 años.

¿Tenemos como sociedad los gobernantes que merecemos?  Es una pena pero todo parece indicar que sí.

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