Los años de la marmota…

Esta mañana, tras varios días de noticias sobre corrupción pura y dura, sobre parlamento que aprueba “leyes no de ley” -es un decir-, ministros, fiscales y jueces que mienten sin pudor aunque sean reprobados por el parlamento y empresarios que han vivido desde la dictadura a caballo de políticos y funcionarios que “miran a otro lado”, como dice nuestro inefable presidente de gobierno, procrastinador y plasmático total, he querido releer algo de hace unos años y, joder, no sólo no hemos logrado avanzar para conseguir algo de “democracia real” sino que estamos retrocediendo como los cangrejos.

Aquí lo que escribía hace un par de años:

Hay un refrán que dice: “a río revuelto, ganancia de pescadores”, por aquello de que los peces están más ocupados en sobrevivir a los vaivenes del agua que en vigilar a sus depredadores humanos. Y en estas semanas que han pasado desde las elecciones del 24 de mayo las aguas de la política bajan mareadas y con un color parduzco de tanta intriga, incoherencia, triunfalismos idiotas y ataques furibundos contra la decisión de los votos. 

Eso sí, todos se lamentan por alguna cosa, por activa o por pasiva, por los votos perdidos o por los que han tenido otros, por los pactos que les apean de sus sillones o por los pactos que elevan a los considerados enemigos. Y muchos de ellos demuestran su ignorancia de lo que es democracia y su contumacia en no aceptar lo que los ciudadanos han demostrado con su voto.

 Es sintomático escuchar a un político diciendo que “los perdedores” le han echado de la alcaldía o del gobierno autonómico, al no obtener mayoría absoluta, sin pensar, eso debe causar dolor de cabeza, que la democracia es precisamente eso, pactar y formar gobiernos plurales que representen al mayor número de ciudadanos. Para ellos eso debe ser chino, el poder es suyo y todo lo demás son cuentos de revolucionarios o radicales.

Parece que quieren hacer realidad las frases que escribía, cuando todavía entendía su propia letra, Rajoy allá por el año 83 y 84, al querer probar lo de que “los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás en razón de su mejor herencia genética” y que por tanto los radicales que han recibido el voto de sus conciudadanos no se merecen gobernar ni estar en política. 

Cuesta no extrañarse ante los ataques, a veces tan vomitivos o indecentes como los protagonizados por algunos medios de comunicación, con La Razón a la cabeza y algunos periodistas y tertulianos como Inda o Marhuenda, paradigmas de lo que nunca debe ser una persona, lanzados contra gobiernos que no llevan más que unos días en marcha pero a los que se quiere juzgar como si llevaran años.

Causa estupefacción que empresarios, es un decir, aupados a sus cargos gracias al dedo de amigos y colegas, ignorantes de la historia y de otras muchas cosas, quieran dar lecciones de ética y de cómo han de hacerse las cosas en la vida política, casi amenazando con la catástrofe si los ciudadanos no votamos lo que ellos consideran “bueno para la estabilidad”.

Uno se queda patidifuso al observar a economistas de todo pelaje y condición tirarse los números y las estadísticas casi a la cabeza, defendiendo ideas contrapuestas, todas ellas muy sesudas y argumentadas con informes rimbombantes y títulos larguísimos. Y si la mayoría de ellos se han equivocado en numerosas ocasiones en el pasado ya se encargan de disimularlo en retahílas de excusas y condicionamientos. 

Para ocultar malas noticias, corruptelas y traiciones se llevan a primera página, con la aquiescencia y ayuda de lameculos y aplaudidores, episodios pasados de deslices, voluntarios o involuntarios, fuera de contexto y de tiempo, de personas que han de ocupar el espacio público que otros han creído siempre que les pertenece por clase o nacimiento. 

Y los formadores de opinión, reales o imaginarios, se lanzan como perros a las discusiones bizantinas de ética, honestidad y decencia, sin caer en la cuenta de que quienes les azuzan y normalmente les pagan sus servicios ni tienen ni quieren ética, honestidad o decencia. Sólo quieren seguir manejando el poder que no han dejado de tener en las manos desde hace muchas décadas.

Los ciudadanos andamos como pollo sin cabeza, unos ignorantes por naturaleza, otros ignorantes por ideología, otros ignorantes por decisión o interés, otros ignorantes por manipulaciones y otros ignorantes porque preferimos seguir teniendo lo poco que tenemos por miedo a perder algo más. Y con eso cuentan quienes revuelven las aguas.

Molesta mucho a las clases “privilegiadas” que personas “normales” se dediquen a pisarles el terreno, Umberto Eco protesta de los que escriben en redes sociales, Vargas Llosa se cree en poder de la verdad en todos los terrenos que toca, Pilar Rahola pone a parir, sin ton ni son, a quienes sostienen tesis contrarias a las suyas -en su artículo de hoy en la Vanguardia se supera en tontería con tal de seguir defendiéndose ella misma-, Marhuenda sigue recalcando cada vez que habla que él es jurista y profesor y por tanto los demás tienen que callar y escucharle con devoción, sin caer en la cuenta de que cada vez que se define así dejar por los suelos una y otra actividad.

Y seguiría enumerando ejemplos parecidos, pero me cansa recordar tanta tontería, tanta manipulación y tantas declaraciones de gente sin escrúpulos ni conciencia que bajo sus títulos de tal o cual profesión sólo esconden sus miedos y su soberbia.

Los ciudadanos tenemos que ser críticos y valientes y no dejar que nos sigan tomando por tontos y esclavos.

No he tocado ni una coma y sin embargo es como si lo hubiera escrito esta mañana, a excepción de la referencia al artículo de P. Rahola en la Vanguardia.

Estoy por irme al médico y que me dé la baja de España por depresión… Ahhhh, que no puedo, soy autónomo.

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